El mundo del arte contemporáneo está de luto. Yayoi Kusama, una de las artistas más influyentes y reconocidas a nivel mundial, murió a los 97 años. Te contamos su historia y cómo se dio a conocer la noticia.
Un legado de lunares infinitos
Nacida el 22 de marzo de 1929 en Matsumoto, Japón, Kusama desarrolló desde niña un lenguaje artístico único, marcado por alucinaciones visuales que la llevaron a incorporar lunares y redes repetitivas en su obra desde muy joven.
De Japón a Nueva York
En la década de 1950, Kusama se trasladó a Nueva York, donde se convirtió en una figura clave del arte pop, el minimalismo y el arte feminista, ganándose un lugar entre las voces más innovadoras de su generación.
Sus icónicas Infinity Mirror Rooms
Kusama se hizo mundialmente famosa por sus “Infinity Mirror Rooms”, instalaciones de espejos que generan la sensación de un espacio infinito, así como por sus esculturas de calabazas cubiertas de lunares, hoy convertidas en íconos del arte contemporáneo y en uno de los materiales favoritos para selfies en redes sociales.
Una vida marcada por la salud mental
De regreso en Japón en los años 70, Kusama decidió voluntariamente ingresar a un centro psiquiátrico en Tokio, donde vivió y trabajó durante el resto de su vida, llamando a su arte “medicina” para sobrellevar sus propios trastornos psicológicos, de los que habló abiertamente a lo largo de su carrera.
Cómo y cuándo murió
Kusama falleció el 14 de agosto de 2026 en un hospital de Tokio, a causa de un fallo multiorgánico, según reportó la agencia japonesa Jiji Press. Sin embargo, la noticia se dio a conocer públicamente hasta el 27 de agosto, a través de un comunicado de su estudio y del Museo Yayoi Kusama.
El mensaje de despedida de su equipo
“Llevaremos adelante los deseos de Kusama y, a través del arte, continuaremos brindando esperanza y fortaleza para el futuro a personas de todo el mundo”, señaló el comunicado oficial, que también destacó que la artista continuó pintando hasta sus últimos días.
Un legado que sigue rompiendo récords
En 2022, una de sus pinturas, “Sin título (Redes)” de 1959, se vendió por 10.5 millones de dólares, confirmando su lugar como una de las artistas vivas más cotizadas del mercado del arte hasta el momento de su muerte.