El equipo ERES vivió un fin de semana que quedará en la memoria, envuelto en la magia inconfundible de Acapulco y acompañado por el carisma de Victoria Viera, Yurem y Juan Pablo Gil, tres talentos que hicieron de esta experiencia algo aún más especial.
Desde el primer momento, el puerto nos recibió con ese brillo único que solo la bahía de Acapulco puede ofrecer: una mezcla de tradición, lujo, nostalgia y la calidez de su gente. La escapada comenzó con una experiencia profundamente significativa: la presentación del documental del legendario Baby’O, en el mismo escenario que vio nacer historias, música y noches que hicieron época. Entre luces, recuerdos y testimonios, fue imposible no sentir cómo Acapulco sigue siendo un símbolo cultural y emocional para México.
La aventura continuó sobre el mar, una tarde de yate nos permitió recorrer la bahía desde otra perspectiva, con el sol reflejándose en las olas y la energía del grupo en su punto más alto. Hubo paseos inolvidables, nado en mar abierto, risas, música y esos momentos espontáneos que solo se viven entre amigos y buena vibra. A esto se sumó un tour marítimo que nos llevó a descubrir rincones icónicos del puerto, recordándonos por qué Acapulco sigue siendo uno de los destinos más emblemáticos del país.
Y, por supuesto, ningún viaje está completo sin saborear lo auténtico, desde pescados a la talla hasta los clásicos antojitos de la región, disfrutamos de la comida típica acapulqueña, pescadillas, pulpo, ceviches,preparados con ese toque casero y amoroso que solo las cocinas del puerto saben darle.
Además durante todo el fin de semana disfrutamos desde distintos puntos de la bahia de un espectáculo que dejó a todos mirando al cielo: un Air Show espectacular, donde acrobacias aéreas y destellos de velocidad se mezclaron con el sonido del mar. Un momento vibrante, ideal para sellar un fin de semana que celebró la amistad, el talento y la resiliencia de un destino que sigue brillando con fuerza.
Y entre todo eso… la playa. Ese escenario eterno donde el tiempo parece detenerse, donde Victoria, Yurem y Juan Pablo disfrutaron del sol, la arena y la tranquilidad que solo el mar puede ofrecer.
Acapulco nos regaló un fin de semana lleno de experiencias, emociones y unión. Un recordatorio de que su esencia sigue intacta y de que siempre tendrá un lugar especial en el corazón de quienes lo visitan.