La música latinoamericana se viste de luto. Este 13 de abril de 2026, el eco de las “Guitarras Blancas” se ha vuelto un poco más silencioso. Felipe Staiti, el alma en las cuerdas y miembro fundador de Los Enanitos Verdes, ha fallecido en su natal Mendoza, Argentina, a los 64 años.
Tras enfrentar complicaciones de salud, el guitarrista que definió el sonido del rock en español nos deja un legado de mil millones de reproducciones y canciones inmortales.
1. El pilar de un sonido inconfundible
Desde la fundación de la banda en 1979 junto a Marciano Cantero y Daniel Piccolo, Felipe Staiti se convirtió en el arquitecto de esos riffs que todos hemos intentado tararear alguna vez. Canciones como “La Muralla Verde”, “Te vi en un tren” y “Tus viejas cartas” no serían lo que son sin la sensibilidad y la potencia de su ejecución.
2. El capitán que mantuvo el barco a flote
Tras la dolorosa partida de Marciano Cantero en 2022, Felipe demostró su resiliencia y amor por la música. No permitió que la historia de los Enanitos terminara ahí; asumió el rol de vocalista principal y lideró la banda con una valentía que solo los grandes poseen, manteniendo viva la llama para los fans de siempre y las nuevas generaciones.
3. La batalla final y un logro histórico
Los últimos meses fueron un desafío de trabajo arduo por su salud. Después de una grave infección bacteriana sufrida durante una gira en México a finales de 2024, Felipe luchó por recuperarse. El músico, quien era celíaco, enfrentó complicaciones severas que afectaron su peso y su capacidad vocal, obligando a cancelar presentaciones en Latinoamérica.
Sin embargo, el destino le tenía guardado un último regalo antes de partir: apenas hace unos días, “Lamento Boliviano” alcanzó la cifra histórica de mil millones de reproducciones en Spotify, siendo la primera canción del rock argentino en lograr este hito. Un cierre de ciclo épico para un músico extraordinario.
El Análisis ERES: Identidad y Patrimonio Rockero 💿
En la revista ERES, entendemos que perder a un ícono como Felipe es perder un pedazo de nuestra propia identidad. Su música es nuestro patrimonio emocional; nos acompañó en el primer amor, en la primera ruptura y en los momentos de rebeldía.
Felipe fue un ejemplo de cómo ser genuino y fiel a una pasión durante más de cuatro décadas. Su salud emocional y su fuerza para seguir adelante tras perder a su compañero de vida, Marciano, nos enseñaron que la música es, ante todo, un acto de fe. Hoy su guitarra descansa, pero su sonido es, y será siempre, eterno.
Dato Curioso ERES: Felipe no solo era un maestro de la guitarra; su pasión por los vinos de su natal Mendoza lo llevó a crear su propia línea, demostrando que su creatividad no tenía límites y que siempre buscaba celebrar las raíces de su tierra.
Reflexión final: Hay canciones que no mueren porque se quedan grabadas en el ADN de un continente. Gracias por tanto, Felipe. Tu muralla verde seguirá siendo el refugio de nuestra nostalgia.