No la vimos en los Grammys y, probablemente, nunca lo hagamos. Uno de los fenómenos virales con los que arrancó 2026 viene de una cantante llamada Sienna Rose. Durante los primeros días del año, su música comenzó a circular con fuerza en plataformas digitales, al grado de que, para tratarse de una artista emergente, rozar los cinco millones de oyentes mensuales en Spotify resulta algo digno de mención e incluso de asombro.
Sin embargo, alrededor de Sienna Rose hay un gran misterio.
¿Quién es Sienna Rose?
Nos gustaría responder esta pregunta con información que vaya más allá de lo que se puede inferir al escuchar su música, una propuesta de neo-soul pulida y elegante, pero eso es prácticamente todo lo que se sabe. Y nada más.
El caso de Sienna Rose es peculiar porque vive en el anonimato, algo inusual en un siglo donde la visibilidad constante parece indispensable para el éxito, como bien apunta Rolling Stone. No hay entrevistas, presentaciones públicas, redes sociales verificadas ni datos concretos sobre la persona detrás de la voz o sobre el proyecto que la respalda.
Literalmente, no hay nada.
Esto, por supuesto, no tendría por qué ser algo negativo. Sin embargo, como es natural, las especulaciones no tardaron en aparecer.
El misterio tomó un cariz más serio cuando la plataforma de streaming Deezer confirmó que muchos de los álbumes y canciones de Sienna Rose han sido detectados y marcados como contenido generado por inteligencia artificial, según un comunicado dirigido a Rolling Stone.
Y no solo eso.
Expertos y aficionados a la música han señalado la perfección técnica de su trabajo como algo, cuando menos, extraño. Las canciones son descritas como “demasiado pulidas”, sin rasgos personales claros, sin errores evidentes ni imperfecciones que delaten una mano humana reconocible.
El misterio continúa
Si somos honestos , y después de todo lo que hemos visto en el último año, no resulta descabellado pensar que Sienna Rose podría ser un producto de la inteligencia artificial.
¿Estamos frente al inicio de una nueva era en la música? ¿O apenas ante el primer gran síntoma de un cambio que redefinirá la autoría, la creatividad y el concepto mismo de artista?