La temporada 4 de Los Bridgerton ya está en Netflix y, como era de esperarse, el drama, los vestidos imposibles y los romances intensos volvieron a apoderarse de nuestras pantallas. Esta nueva entrega pone el foco en Benedict Bridgerton y su inesperada conexión con Sophie Baek, en una historia que mezcla fantasía romántica, diferencias de clase y esa eterna pregunta: ¿qué tanto estamos dispuestos a arriesgar por amor?
Si buscabas una opinión clara sobre lo bueno, lo malo y lo que más nos gustó de Bridgerton 4, aquí va, sin spoilers innecesarios y con el corazón en la mano.
Lo bueno de Bridgerton 4: romance clásico con mirada actual
Algo que la serie sigue haciendo increíblemente bien es crear atmósferas. La estética regency, los bailes iluminados por velas y el vestuario detallado siguen siendo un festín visual. Cada escena parece pensada para convertirse en fondo de pantalla.
En cuanto al romance, la dinámica entre Benedict y Sophie aporta una energía distinta. Él, el artista sensible que siempre se ha sentido un poco fuera de lugar en su propia familia; ella, una joven que desafía las normas sociales. La temporada explora con más fuerza temas como la identidad, el deseo de pertenecer y la autoaceptación, algo que conecta mucho con las audiencias actuales.
También se agradece que las tramas secundarias mantengan vivo el universo Bridgerton. No todo gira únicamente en torno al romance principal, y eso le da ritmo a la historia.
Lo malo: cuando la fórmula pesa
Si somos honestas, hay momentos en los que la temporada se siente cómoda… quizá demasiado cómoda. Algunos giros son previsibles y ciertas tensiones se alargan más de lo necesario. Para quienes esperaban un cambio radical en el tono, esta entrega puede sentirse continuista.
Además, el desarrollo emocional no siempre alcanza la intensidad que vimos en temporadas anteriores. Hay escenas preciosas, sí, pero no todas logran ese impacto que te deja pensando días enteros en un diálogo.
Lo que nos encantó (de verdad)
Más allá de las críticas, Bridgerton 4 sigue siendo un fenómeno cultural. Las conversaciones en redes, los debates sobre los personajes y la obsesión colectiva por cada look demuestran que la serie aún sabe cómo mantenernos enganchadas.
Lo más bonito de esta temporada es su mensaje: atreverse a amar siendo uno mismo, en medio de normas rígidas y expectativas sociales, la historia nos recuerda que elegir tu propio camino siempre será el acto más revolucionario.